Conoce la labor del maestro de ceremonias actual

Los maestros de ceremonias para bodas son de esas figuras que hace solo unos pocos años casi no se conocían y que actualmente aparecen con bastante naturalidad en multitud de celebraciones.

Vivimos en un contexto en el que las parejas buscan bodas más personales, con menos rigidez y en las que los momentos se cuidan mucho, por lo que contar con alguien que logre hilarlas puede que marque una diferencia importante.

De la boda “tradicional” al maestro de ceremonias

Por espacio de muchos años, el guion de la boda lo marcaban otros protagonistas: el sacerdote en las bodas religiosas, el funcionario o el concejal en las civiles, y poco más.

El resto era fruto de la improvisación por parte de las familias, con discursos llenos de espontaneidad, sorpresas y algún amigo animado que cogía el micro cuando era necesario.

Con el paso del tiempo han ido cambiando una serie de cosas:

  • Bastantes parejas lo que hacen es optar por ceremonias civiles fuera del juzgado, en fincas, hoteles y en espacios singulares.
  • Ahora se busca que el acto cuente con un mayor contenido emocional y más referencias a la propia historia de la pareja y en el que haya menos formalismos rígidos.
  • Los invitados llegan con una serie de expectativas diferentes: se han visto vídeos de bodas bastante cuidadas y esperan algo más que “dos lecturas y unas fotos”.

En dicho terreno aparece el maestro de ceremonias: como nos confirman los profesionales expertos de Tu Maestro de Ceremonia, optar por un profesional en este campo es confiar en alguien que conoce a la pareja, que se encarga de preparar un guion y que se va a responsabilizar de que la ceremonia cuente con el ritmo, sentido y estilo propios.

Qué hace exactamente un maestro de ceremonias

Pese a que cada profesional cuenta con su manera de trabajar, la esencia de su propio papel es bastante clara:

  • Diseña y conduce el acto de la boda, en especial la parte concerniente a la ceremonia.
  • Presenta a la pareja, contando parte de su historia y da contexto a los que conocen tan solo a una parte.
  • Introduce intervenciones por parte de amigos y familiares, de tal forma que coordina los tiempos y orden.
  • Conduce los momentos más importantes, como el intercambio de votos, entrega de las alianzas, firmas y el cierre del acto.

Dependiendo de lo que quiera la pareja, es posible que pueda estar presente en otra serie de momentos de ese día tan especial: entrada al cóctel, pequeña presentación en el banquete, guía de algunos rituales, siempre sin que se convierta en “protagonista” por encima de los novios.

¿Por qué tantas parejas lo valoran?

Existen razones bastante prácticas por las que la figura del maestro de ceremonias ha acabado por ganar fuerza.

Alivio de responsabilidad

No hace falta que un familiar nervioso cargue con la tarea de hacer de presentador sin experiencia ni ganas.

Da coherencia al acto

La ceremonia deja de ser una suma de discursos independientes y es una historia que tiene principio, nudo y cierre.

Cuidado del ritmo

Lo que hace es evitar que todo se vaya a alargar mucho o que existan silencios de los denominados incómodos.

Permite la personalización

Es posible que se incluyan momentos que hablen de la pareja y que estén guiados por alguien que sepa cómo contarlos.

Para bastantes novios, el hecho de saber que hay una persona que tiene como labor “que la ceremonia salga bien” es algo que aporta mucha tranquilidad.

Trabajo previo: mucho antes del “sí, quiero”

Hay que tener en cuenta que la imagen del maestro de ceremonias no se tiene que limitar al día de la boda como tal con el micro en la mano. El trabajo arranca mucho antes:

  • Se va a reunir con la pareja para poder conocer su historia, la forma de ser que tienen y qué es lo que esperan de dicho acto.
  • Pregunta por detalles importantes, como por ejemplo cómo se conocieron, los momentos más importantes, qué es lo que quieren que se cuente y qué será lo que prefieran dejar en la más estricta intimidad.
  • De igual forma, ayuda a definir el tono, puede ser más formal o más desenfadado, con humor o mayor sobriedad, con referencias simbólicas o bastante sencillo.
  • Se dedica a coordinar con el espacio y también con otros proveedores, como los de música, sonido y fotografía, para que todo vaya a estar bien alineado.

Dicho proceso previo es lo que va a permitir que el día de la boda el maestro de ceremonias no parezca “alguien externo”, sino una figura que habla con conocimiento y respeto de la pareja.

Estilos diferentes de maestros de ceremonias

No todo el mundo trabaja de la misma forma. Existe quien se mueve más cerca del clásico protocolo y el que se aproxima más al mundo narrativo y de la animación social.

Vamos con algunos ejemplos:

Ceremonias sobrias y elegantes

Un lenguaje cuidado, referencias a valores, tono emocional, pero que sea contenido, ideal para bodas que quieran ser formales, pero sin una rigidez extrema.

Ceremonias próximas y con humor

Historias compartidas, anécdotas elegidas con cariño, momentos de sonrisa, sin que se caiga en el chiste fácil.

Ceremonias simbólicas

Se integran rituales como la propia ceremonia de la arena, de la vela, del vino o de que se plante un árbol, todo ello explicado de una manera que todos comprendan el sentido.

La clave se encuentra en que el estilo del maestro de ceremonias encaje con el de la propia pareja. No es cuestión de que imponga su sello, sino de que encuentre un punto en común.

Relación con familiares y amigos

Existen bodas en las que los amigos y la familia quieren participar. Tanto si se lee un texto, como si se dedican unas palabras o se canta una canción, lo que sucede es que el maestro de ceremonias ayuda a que todo ello no se convierta en un caos.

  • Organiza quién interviene y el momento en el que lo hace.
  • Pide, en el caso de que sea necesario, un resumen previo para que se eviten los solapamientos o los discursos demasiado largos.
  • Acompaña a quienes se encuentren más nerviosos, de tal forma que se les den indicaciones más sencillas.

Lo que hace el maestro de ceremonias es, en vez de quitar protagonismo a la familia, ayudar a que se canalice dicho deseo de participar, de tal manera que se viva mejor y pueda ser recordado con un mayor cariño.

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